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Malta Caliente

“Tómate una malta caliente.” el consejo de mi amiga, quien tuvo a su hija a los 15 años, me retumbó en los oídos cuando yo tenía 18. “Bueno… mi hermana tuvo a mi sobrina a los 18…” pensé, pero también sabía que eso no era lo que yo quería. Y aunque estoy segura que no se arrepiente, tampoco sé si ella tuvo alguna opción. La reacción al embarazo de mi hermana se inclinó por un entre “quién te manda a no protegerte” y un “es una bendición y tienes que tenerla…ah, pero también te tienes que casar.” Con un terror a lo mismo, escondí mi embarazo como por un mes de mi familia. Lo hablé con mis amigas y mi novio, hasta que un día mami me encontró llorando en el cuarto y con un miedo terrible a que me fuera a matar le dije “Es que se rompió el condón.”


Hace 20 años no había tanto acceso a información, y menos cuando es un tema taboo. Así que, luego de obtener un “¿qué tu quieres hacer?” de mami, nos pusimos en la búsqueda de clínicas de abortos. Claro, en Salinas no había ni manera de mencionar la palabra y Google no estaba tan avanzado, así que luego de varias llamadas a susurros, de la nada aparecieron “las amigas de las amigas” y nos dieron un teléfono de una clínica en San Juan.


Sin GPS y con varios episodios de arrepentimiento a mitad de camino “porque me iba a ir al infierno”, llegamos a la clínica en Río Piedras. Solo recuerdo las luces blancas, el dolor insoportable y la enfermera tomándome de la mano para ayudarme a aguantarlo. El tiempo se hizo eterno al esperar junto a otras personas gestantes en una salita sin podernos mirar a los ojos, en mi caso por el sentimiento de culpa.


Disimulando mi dolor para que “no se dieran cuenta” que había acabado de salir de la clínica sin rótulo, cruzamos a Denny’s a comer y pocas veces se habló del tema.


Tuve una etapa de mi vida que no lo mencionaba, y decidí actuar como si nunca hubiese pasado. Aunque fue mi decisión, los estigmas alrededor me hacían esconderlo como si me fueran a linchar si lo descrubrían. Hace 10 años tuve una aborto espontáneo de un embarazo planificado (eso es otro blog) y hasta llegué a pensar que perderlo había sido karma. Al día de hoy, gracias a la información y a mi desaprender, sé que tomé la decisión que tenía que tomar en ese momento y que no iré al infierno, si es que existe.


Ahora lo hablo porque entiendo lo afortunada que fui de tener una madre que aprendió y por poder sentir su apoyo en el proceso. Lo afortunada que fui de poder llegar a una clínica y pagarlo, porque aquí el aborto es legal, pero caro, inaccesible y mayormente rechazado. Lo afortunada que fui de no tener que tomarme una malta caliente o meterme un gancho, y porque el embarazo fue un accidente de una relación consentida.


No todes tienen esas circunstancias.


Estoy segura que conoces a alguien que ha tomado la decisión de abortar. El derecho a elegir debe ser libre, digno, seguro y accesible. El proceso emocional de la persona gestante luego de un aborto se debe atender, lo digo porque eso no lo hice y me tomó muchos años sanar.


Desaprender y remover toda creencia religiosa del proceso es un deber como sociedad para tomar decisiones racionales sobre nuestro cuerpo y salud.


Hoy escribí esto para despenalizarme a mí misma, por la despenalización del aborto en otros países y con la esperanza de que siempre les pregunten: "¿qué tu quieres hacer?"


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