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El segundo postre

Updated: Jun 4, 2023

8:00 pm

Sábado

Interior de mi restaurante favorito



Y una copa de Albariño antes de la comida, por favor” le dije al mesero de los veintitantos.

La semana ha estado cargada de emociones, ya no sé qué siento y qué no. El fin de semana se pasa tan rápido y siento que no tengo tiempo para momentos memorables. Por suerte, pude venir al restaurante de siempre. La última vez que vine conocí a Eduardo y aunque no lo he vuelto a ver, sí hemos recordado en "sextos" todo lo que hicimos. Entomcee, ayer recibí un mensaje de texto del restaurante que decía:


“Le hablan de Camilo 's. El Dr. Lorenzi le invita a su próxima cena en nuestro restaurante. ¿Cuándo desea reservar?”


Y aquí estoy otro sábado en la noche. El mesero me ubicó en la misma mesa donde nos sentamos la última vez, pero sin él. Al parecer llegará tarde, quizás la lluvia lo atrasó. Decidí ponerme otro traje blanco, este es en lycra y me olvidé con toda la intención de la ropa interior. Cuando vea cómo se brotan mis tetas entre el escote, querrá volver a comerme.


El mesero de veintitantos viene con mi copa. También trae una caja negra bien agarrada en esas manos. Cada vez que se las veo pienso en el día en que por fin me toquen.


“Copa de Albariño por aquí.” me mira el mesero y sonríe. Se le hacen unos hoyitos donde me quisiera sumergir.


“Y quien le invitó la cena le ha enviado esta cajita.” me dice mientras la pone encima de la mesa.

¿Una cajita? Me doy un sorbo de champagne para disimular la curiosidad de abrirla.

La abrí despacio, con cautela. Primero encontré una nota en un papel rojo.


“Afuera llueve, pero quiero que te mojes, aquí, conmigo. Quiero provocarte y ver cómo disimulas ante la gente. En la caja hay una bolsita de terciopelo, sácala y camina hasta el baño con ella. Si estás dispuesta a seguir ésta y otras instrucciones sonríe…Tú sabes cuánto me encanta que lo hagas.” decía la nota en una letra poco legible.


Sonreí de adrenalina y volví a mirar a todas las mesas. Esta vez, la mesa que antes estaba vacía, estaba ahora ocupada por Eduardo, mirándome desde lejos, sonriendo él también.


Trato de disimular mi pequeño infarto. Me tomo otro sorbo del vino mientras lo miro desde mi mesa. Es un smart ass, tengo que pasarle por el lado para llegar al baño. Me paro decidida a usar la caminata desde la mesa hasta el baño como mi runway.


Camino con paso firme con mis tacones dorados sabiendo que el traje me abraza las curvas. Podía sentir mis tetas brincando al ritmo de los pasos y los pezones ya estaban duros de la emoción. Él nunca dejó de mirarme. Cuando caminé cerca de él ambos hicimos como si no nos conocieramos.


Abro la bolsa de terciopelo y encuentro unos iPods y unos panties en seda blanca. Encontré otra nota que decía:


“Supongo que ya me viste en la mesa. Hace tiempo no te veía, pero te sigo saboreando desde que nos comimos en el parking. ¿Sabes? Si estás dispuesta, conecta los iPods a tu celular y ponte los pantysitos. Si no quieres hacer esto, simplemente deja la bolsa en mi mesa al pasarme por el lado de regreso.”


No lo pensé dos veces. Me puse los audífonos y los conecté. Saqué los panties y me los puse. Se me marcaban por debajo de la tela de lycra.


Al regresar a la mesa, mientras pasaba por su lado, cogí el hilo del panty por encima del traje y lo acomodé, para confirmarle que lo llevaba puesto. Me siento en la mesa, que queda en una esquina del restaurante y aún puedo verlo al fondo. Lo miro, me tomo el último sorbo del Albariño y sonrío.


Suena mi teléfono. Unknown number.


“Hola Eduardo” respondo automáticamente.

“Angélica, qué bien te quedan los trajes blancos.” me dice con una voz ronca que retumba en mi oído y me para los pelos. Disimulo.

“Eduardo, qué buen ojo tienes.” le digo.


Interrumpe el mesero:


“Una taza de minestrone para comenzar, lo acompañamos con pan de hierbas hecho en casa.”


Se retira el mesero luego de colocar la sopa en la mesa.


“Mírame” escucho por los audífonos.


Obedezco. Lleva puesto una camisa de botones negra. Las mangas largas enrolladas a medio brazo mostrando sus tatuajes. Se dejó unos cuantos botones abiertos que me permiten ver mejor su cuello. ¡Cómo me encantaría pasarle la lengua por la orilla de la cadena que lo está adornando! Me imagino su perfume y recuerdo el calor de su cuerpo.


“Te veo”, le respondí fríamente.


“Ahora siénteme.” me dice.


De momento sentí una sutil vibración en mi entrepierna, bien leve. Pensé que estaba loca y aunque brinqué un poco del susto, lo dejé pasar.


“¿Lo sentiste? Dime aud lo sentiste" me dice con una media sonrisa y vuelvo a sentir la vibración.


Lo miro desde mi mesa, me miro la falda, lo vuelvo a mirar.


“¿Los panties vibran?” le pregunto sorprendida, pero emocionada.


“Sí y yo tengo el control.” me afirma con una cara de satisfacción.


Vuelvo a sentir la vibración levemente.


Me dirige: “Ahora escucha. Quiero que te comas la sopa como si nada estuviera pasando. Mientras te hablo, sé lo mucho que te gusta que te hable, quiero que vayas sintiendo la vibración.”


Tomé un poco de sopa con la cuchara y me acerqué a ella para darme el primer sorbo.


Escucho su voz ronca y gruesa en mi oído diciéndome:


“Así, cuidado que no te quemes putita. Tómate esa sopa como si fuera mi leche.”


Subo mi vista para mirarlo, con la cuchara en la boca. No me esperaba que esta fuera la dinámica, ¡pero cómo me gusta que me hable así!


Le sigo el juego.


“Mmm que rica está tu lechita, daddy” le respondo en voz baja y sonrío. Miro hacia los lados pensando que me pueden escuchar, pero mi mesa está lo suficientemente alejada como para dejarme llevar.


Empiezo a sentir una leve vibración entre mis piernas, demasiado leve, tengo que apretarlas para sentir bien en mi venus la sensación. Los comensales que me ven pensarán que la sopa está deliciosa y que yo he tenido mucha hambre. Trataba de disimular el éxtasis que se estaba horneando en mí, pero simples y suaves gemidos de placer se me escabullían con cada cucharada que saboreaba.

Estoy por terminar mi plato.


“Así, trágatela completita, muy bien.” me dice, mientras, lo veo de lejos pasándose la lengua por los labios también.


A este punto no sé quién está más caliente. Estoy segura que tiene una erección debajo del mantel. Y yo saboreando la sopa, imaginando que es su néctar, apretando las piernas para sentir la leve vibración un poco más. Siento cómo mi cara se va poniendo roja, y ya no puedo disimular tanto, estoy respirando un poco más rápido de lo normal.


Entre suspiros le digo “Está caliente…justo como me gusta.”


La vibración se detiene. Mis pezones están protuberando la lycra y puedo sentir la humedad en mi panty.


“Me encanta que me obedezcas.” me responde con claridad.


“Pero es que, mira cómo me tienes el pecho” le digo mientras me enderezo para que pueda ver mis tetas bien desde su mesa. Me seco la comisura con la servilleta de tela.


“¡Estaba buena la sopa ah!” me dice el mesero de veintitantos quitándome el plato de enfrente.


“Sí, estaba tan buena que ya no quiero comer más. Puedes cerrar la cuenta por favor.” le digo al mesero.


“Angélica, aún faltan platos.” escucho en mi oído.


“Señorita usted tiene una cena completa paga. ¿Está segura que no quiere aunque sea postre? Usted siempre pide postre”, me insiste el mesero.


“Angélica, no cierres la cuenta.” escucho en mi oído.


“Esta vez me comeré el postre en otro lugar. Mil gracias. Puedes cerrar la cuenta. La sopa estuvo divina.” le respondo al mesero ignorando lo que está diciéndome Eduardo al oído.


“Lo pude ver en su cara.” me dice el mesero.


Me levanto de la mesa con las piernas un poco temblorosas, pero disimulo muy bien y comienzo a caminar hacia el baño.


“Escúchame bien Eduardo, te vas a quedar sentado, pero quiero que no dejes de mirarme mientras camino hacia ti.” le digo con firmeza.


Justo al pararme de la mesa mi entrepierna vibró súbitamente. Trago profundo y me acomodo el traje para disimular. Qué hijo de puta.


No me la dejo montar y le digo:


“Tú sabes que se siente bien rico, si es así, entonces caminaré más lento. Oye, tienes esa mano debajo de la mesa hace rato.”


“Sabes que me estoy tocando mientras te observo y te escucho. Le pedí al mesero que no me interrumpiera en toda la noche.” me dice.


Bajo mi tono de voz, un poco quebrantada por la vibración, mientras sigo caminando hacia el baño con la cajita negra en la mano y le digo:


“Obedéceme. Ahora tócate al ritmo de cómo las tetas me brincan mientras camino hacia ti. ¿Sabes? Estoy tan mojadita.”


Me obedeció, pero también me cambió el ritmo de las vibracionss y ahora siento olas intermitentes de corriente. Por mi madre que me vengo en medio de este salón, pero tengo que aguantar y ya casi llego al baño.


Él no deja de mirarme y se ríe sabiendo lo que estoy sintiendo. Su cara de deseo me vuelve loca, sabe que lo que está haciendo me pone mal. A él también le gusta verme disfrutando, eso es lo más que me gusta. Es un bellaco.


Le camino por el lado, llego al baño y tiro la puerta en desesperación por estar a solas. Al encontrar mi reflejo en el espejo tengo el pecho rojo y lo bellaca que estoy se me ve en los ojos.


“Escúchame Eduardo, quiero que subas el ritmo” le pido.


“Lo que tu quieras.” me complace.


“Háblame como si estuvieras aquí.” le suplico.


“Quédate parada. Abre las piernas.” me da instrucciones.


Siento la vibración acelerando. Parada, me agarro del lavamano mientras me miro en el espejo.


“Te quiero comer por detrás. Déjame clavarte así. Qué rica estás.” continuaba en su descripción.


Mirándome al espejo me lo imagino empotrándome. Me cojo y me aprieto las tetas deseando que sean sus manos. Siento la vibración en mi clitoris y muevo mi pelvis hacia atrás como si estuviese cabalgándolo.


“Quiero escucharte gemir” me dice.


Ya no puedo controlar mi respiración, los gemidos se me escapan de los labios, de mi boca entreabierta que está pidiendo más.


“Qué rica te escuchas bellaquita. Así, sigue, siente la vibración en esa chochita, me encanta cómo gimes. Dime, ¿te gusta así putita?” me resuena en el oído.


Eso me puso al borde, justo en el climax le colgué la llamada a propósito. Me vine sola.


Luego de componerme unos minutos. Salí del baño, aún con mi piel roja de éxtasis. Al pasarle por el lado le pongo la cajita en la mesa y sigo caminando hasta la salida.


Adentro está el panty, mojado, con una nota que dice: “El postre va por mi cuenta, que lo disfrutes”.


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