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El postre

Updated: May 16, 2023

9:00 pm

Sábado

El Restaurante


Angélica camina por la calle San Miguel de camino a su restaurante favorito. Con un traje blanco que le ajusta el busto de la cintura para arriba y le baila en las caderas hasta llegar a medio muslo. Sus piernas se cruzan una a la otra mientras camina en sus tacones verdes y el viento frío le mueve su cabello negro parándole los pezones.

______


Qué putita me hace sentir este traje.


Hasta el roce de la brisa por debajo del cuello me para los pelos. Hoy vengo pensando en cómo me brincan las tetas según camino al restaurante.


“Buenas noches” le digo al host. Él no puede fijarse en mis ojos porque el relieve de mis pezones erizados le llama la atención. Disfrutando la atención le digo: “Mesa para uno.”


Esto de cenar sola es mi pasatiempo favorito. Miro el menú pensando en qué sabor quiero tener en mi boca, para mí es muy importante. “El de un buen bicho” me dice una de las voces en mi cabeza y me río de mí misma, mi mente es tan sucia. En realidad, quisiera comer algo salado.


Por ahí viene el mesero de unos veintitantos que siempre me atiende. Se acerca y me sirve agua.

- “Quién se ríe sola…” me dice con mirada de cómplice. Le miro las manos mientras me sirve y me imagino el día que le deslice la lengua por cada uno de sus dedos.

- "Ay, no tengo maldades para acordarme, aún.” le digo guiñándole un ojo con confianza.

Se ríe y me toma la orden.

- “...Y un Albariño, antes de la comida por favor”.


Cierro los ojos y percibo el aroma del vino. Jazmín. Muevo la copa en espiral, miro detenidamente las lágrimas en la copa. Cierro los ojos y percibo el sabor. Cítrico, limón. Me deja la boca seca con un ligero ardor en los labios. Me encanta.


Al bajar la copa, subo la mirada y ya no tengo una silla vacía de frente.


“Hola, ¿puedo sentarme contigo?”


Se me eriza la piel al escucharlo. Su voz me llevó a algún lugar familiar.

Pensando que era el gummie haciendo efecto cerré los ojos. Respiré. Los volví a abrir.

No tengo idea de quién es, pero ¿realmente importa? Es insoportablemente hermoso. Tiene unos labios que invitan a morderlos y de marco una mandíbula que parece tallada en mármol.

“¿Te conozco?” le pregunté sin sacar mi vista de sus labios.


El olor de su perfume está envuelto en el aire y sus manos grandes acaparan la mesa. La fragancia es una mezcla de lavanda, con limón, vainilla y madera, es com un lugar en donde quisiera vacacionar. Me fijo en sus manos, pálidas con dedos largos, pero anchos. Por fin logro mirarlo a ojos. Sus pestañas largas y negras enmarcan unos ojos café en forma de almendra.


“Si cenamos te aseguro que nos conoceremos. Ahora mismo no hay mesas y tú estás ocupando una mesa de tres, ¿podrías compartirla conmigo? Igual, así ninguno de los dos come a solas.”


“Angélica, el universo está conspirando a tu favor” me dice una voz en mi cabeza.

“Angélica acabas de pedir unas costillas con papas fritas y tienes un traje blanco.” mi mente es tan contradictoria. Mi silencio le hizo insistir.


“Mi nombre es Eduardo. Te invito otra copa de vino.”


“You had me at wine!” le respondí con emoción. “pero te advierto que quiero postre también.” le dije logrando mi cara más coqueta.


Por ahí viene el mesero de veintitantos con una sonrisa de cómplice. “¿Mesa para dos?”


Este restaurante se tarda muchísimo en servirte la comida, pero siempre vuelvo, así como con mi ex. Entre copas de vino Eduardo me cuenta que prefiere los perros, le gusta correr en las mañanas y uno de sus dientes es falso. Tenemos todo eso en común, excepto lo de correr en las mañanas. También hablamos de problemas sociales, inteligencia emocional y las cosas que necesitaríamos en un apocalipsis zombie. Su sentido del humor se mezcla con su inteligencia y sarcasmo. Me habla con tanta seguridad que me puso más bellaca de lo que me puso su voz.


“Te ves mejor cuando sonríes” me dice mientras me enseña sus dientes perfectos, con todo y el falso.


"Esto me lo han dicho tantas veces”, me dice una voz en mi cabeza. “But it never gets old!” me dice la otra voz. “Coquetéale” me dicen las dos.


Sonrío, así como le he sonreído a todos los que me gustan.

“Ésta es para ti”. Esto lo he dicho tantas veces, but it never gets old!


“¿Así sonríes en las mañanas?” me dice mirándome a los ojos y se da un sorbo de vino.


¡Una orden de costillas con papas fritas!” Vaya manera de interrumpir, mesero de veintitantos.

“Es para mí” digo con cara de trágame tierra.


“Excelente elección” me dice riéndose.


“Entonces, un asopao para el caballero."


Nunca entenderé a las personas que ordenan sopa, pero ver a una persona tomándola para mi es bien hot. Comenzamos a comer y como buena sex siren decidí usar la situación a mi favor.

“Cómete esas costillas como si te lo estuvieses comiendo a él.” me dice la voz en mi cabeza.


Las costillas se comen con las manos. Miré las costillas con detenimiento. Separe una y la traje hasta a mí. Observé cómo se esgarró la carne, olí los condimentos y la salsa que la cubría. Mordí un lado y sentí los jugos de mi boca reproducirse. Masticando con paciencia, aproveché un segundo y pasé mi lengua suavemente por la comisura para limpiarme el exceso. Me metí el hueso completo y cerrando mis labios lo logré sacar limpio. Todo esto con los ojos cerrados. Me disfruto tanto la comida.


Cuando abro los ojos y lo miro, él está aún con la cuchara en la boca mirando cómo me saboreaba las costillas. Por el movimiento en la manzana de adán que adorna su largo cuello, veo cuando por fin se traga su sorbo. Lo miro mientras me limpio con la servilleta, me intriga cómo con sus manos grandes puede agarrar esa cuchara tan delicadamente. Movió la cuchara dentro de la sopa y el vapor arropó su cara.


- “Cuidado que te quemas” le digo.


- “¿Cómo lo sabes?” me pregunta.


- “Porque así de caliente estoy yo.” le dije sin titubear. Ya estaba segura de que la falta de mesas disponibles era una excusa o puede ser el vino/gummy talking. Sea como sea, me gusta hacer el primer move.


Me mira y sonríe. Se da otro sorbo.


- “Estoy seguro que estás más caliente y rica que esta sopa.”


Vaya manera de responder para dejarme saber que quiere jugar.


- “¿Cómo lo sabes?” le pregunto.


-“Por que así mismo te bebería.”, me dijo sin titubear y se da un sorbito de la sopa.


It is on! me confirman las voces de mi cabeza.


Después de terminar la cena y brindar con otra copa, salimos sin pedir el postre.




12:00 am

Domingo

Parking bajo techo vacío


Llegamos a su auto. Me apoya sobre la puerta del pasajero de atrás y me pilla usando el peso de su cuerpo. Puedo sentir su pene en mi muslo mientras me besa como si no hubiese comido nunca. Le muerdo los labios y me aseguro de que sienta mis dedos en su espalda pasando mis uñas por lo largo de su columna. Le subo la camisa para sacarla de su pantalón y paseo mis manos por su torso. Disfruto su piel caliente y cómo se mueve su pelvis según su respiración. Los pelos de su pecho se enredan en mis dedos y agarrándolo por ellos subo una pierna por el lado de su muslo invitándolo a acercarse más a mí. Aprovecha el acceso y me agarra la rodilla con su mano firme y la mantiene al roce, explorando mi muslo hasta subirme el traje. Me besa mientras hala por la tela del traje, para acercarme más a él, para que sienta su erección. Separo mi boca de su boca y voy por su cuello que me vuelve a transportar y recuerdo que huele a alguien que no sé quién es. Su olor me provoca. Lo lamo por detrás del cuello hasta llegar a su oreja. Obtengo lo salado que necesitaba en mi boca. Me gime en el oído con aprobación. Me lame él a mí desde la oreja hasta la nuca. Siento su aliento jadeando. Sus manos en mis muslos, en mis nalgas, agarrándome el traje blanco mientras me besa. Lo encuentro por la entrepierna y al sostenerle le muerdo el labio inferior para que sepa que llegué, para que sepa lo que quiero. En ese momento me coge por los brazos y me vira, se enreda mi pelo en una de sus manos y lo amarra. Me huele los hombros, la espalda y me hala el pelo de a poquito. Esta vez me toca los muslos por la parte interior. Separo mis tacones verdes y le doy la bienvenida a lo que tenga que pasar. Se pega a mi cuerpo y me pilla contra la puerta. Siento lo duro que está contra mis nalgas y sus manos se mueven hacia mis tetas. Las agarra desde atrás por encima de la tela. Pasa sus dedos suavemente por mis pezones que ya están erectos. Hace como una pausa entre tanto revuelo y los atiende, los admira. Sin soltar mi pelo en una mano, con la otra juega con ellos, los pincha, los mueve de arriba a abajo y los acaricia un poco más.


“Yo también quiero postre.” me dice desde atrás.


Automáticamente abrí las piernas un poco más. Desde el pezón, pasando por mi torso, mi ombligo, mi vientre. Poco a poco, se desliza hasta mi panty. Con la otra mano me manipula el cabello en rítmicos tirones. La mezcla de sutileza y dominancia me tiene en un tren.


M panty resbala entre sus dedo y mi vulva. Lento y sin prisa, como hizo con mis pezones, pellizca mis labios a través de la tela, la toma completa en la palma de su mano, la aprieta de a tiros como con mi cabello.


“Quédate así”, me dice desde atrás.


Me encanta que me den instrucciones. Suelta mi cabello y sin pausar de mojarme el panty, me toma por las caderas y me hace despegarme de la puerta para que se brote mi vulva hacia atrás. Entonces sí me mueve el panty lentamente con su dedos hacia un lado, como hojeando un libro.


“Así”, me repite.


12:15 am El tasting


Sin quitarme el traje y sin miedo alguno a que nos vieran, se arrodilla a mis espaldas. Me toma por los lados la ropa interior y me los baja hasta las rodillas. Me sube el traje hasta las caderas y agarrándome por ellas relame toda mi culo como un gato tomando leche. Me saborea con paciencia, se lo disfruta, lo disfruto. Alcanza mi flor y con la punta de su lengua me caricia los labios. Se separa y presenta a su dedo índice mientras me admira desde abajo, lo puedo ver de reojo con mi cara empañando el cristal. Luego de explorar mis adentros, provocándome contracciones, saca el dedo lentamente de mí y lo chupa mientras me mira. Me mete el dedo del corazón, lo saca y lo prueba. Con calma me descubre. Recorre los pliegues, adentro, afuera. Me pincha, me coge, me estira. Sin prisa, con un ritmo que podría bailar, pero lo gimo. Me mete el dedo anular y así su dedo del corazón me llega al clítoris, los deja ahí y los mueve como el secundero de un reloj. Me mojo un poco más.


“Que rica estás.”


Saca sus dedos, se levanta y me los pasa por la boca.


“Definitivamente más rica que la sopa” me dice al oído y saco mi lengua para dejarle saber que quiero saborear. Me pruebo desde sus manos. Tan saladadulcementedeliciosa.

Lo quiero de frente y me viro. “Déjame probarme bien y te digo”


Me saboreo desde su boca. Sus labios y mis labios son como dos piezas de un rompecabezas.

Las lenguas danzan en un charco de saliva y mi agua. Podría besarlo toda la noche, pero quiero más. Le desabrocho la correa y le suelto el pantalón. Siento su pene en mi mano; caliente, duro, grueso, latente. Me meto los dedos en la boca buscando lubricación y la utilizo a mi favor para resbalarme por él. Lo toco al ritmo que quiero que me penetre. Lento, rápido, lento.


“Que rico estás.”


Lo miro a los ojos mientras me delito con su forma tan sólida. Con mi otra mano alcanzo mi vulva para mojarme los dedos de mí. Los saco y me los meto a la boca. Mirándolo los chupo al ritmo que lo toco. Lento, rápido, lento.


"Esta vez el postre soy yo." le digo de frente.


No podemos más y me coge por las nalgas para empotrarme. Enredo mis piernas en su cintura, mi torso se eleva y logramos que cayera perfectamente dentro de mí. Sentirlo dentro es llenarme de fe. Vuelvo a estar pillada entre la puerta y su cuerpo y no existe un lugar más cómodo que aquí. Me agarro de su cuello para encontrar balance y nos respiramos al oído las cosas que nos hacen perder la razón. El sube y baja de mi cuerpo según su ritmo hace que me brinquen las tetas como cuando caminaba por la calle. El movimiento lento, profundo y fuerte de su penetración roza mi clitoris al ritmo perfecto. Su voz en mi cuello gimiendo vulnerable, el grosor de su pene acaparándome y olor de su perfume me están llevando al éxtasis. Puedo sentir el caliente que brota de mí, como aura de vapor protegiéndome y hago silencio para solo sentir. Después de unos segundos, salen gemidos que no puedo cohibir y con una voz entre cortada, ajitada, le muerdo el cuello mientras le digo:


“¡Si, así, me..! ¡Ah!”


Todos mis músculos se contraen y lo vuelven preso de mis adentros. Todo se vuelve oscuro y pierdo la respiración por un momento. Él toma unos segundos más, siento su última embestida como asegurándose que lo recuerde ahí. Soltamos el aliento y las defensas.


Nos quedamos así, con mis piernas alrededor de su nalgas y mis brazos alrededor de su cuello, pillada contra su Mercedes blanca. Nos miramos, nos reímos. Recuperamos los latidos con las piernas temblorosas. Me sube la ropa interior. Se abrocha su pantalón mientras me da un beso en la boca.

En el momento, con mi cara aún roja y arreglándome el traje solo se me ocurre decir sonriendo:


“Es la una.”


“Entonces, así es que sonríes por la mañana.”



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