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El Laundry

Updated: May 7, 2023

La vi corriendo hacia la puerta y aunque estaba huyendo del aguacero, en mis ojos se movía en cámara lenta. Llevaba una camisa blanca, que se volvía cada vez más transparente con cada gota de lluvia. Debajo de la tela podía ver sus tetas retumbando al ritmo de su corrida.


Arriba, abajo, arriba, abajo.


Mantuve la puerta abierta para darle paso y para verla más de cerca.


- “Gracias!” me dijo con una voz de adolescente, pero debe tener unos treintaitantos. Llevaba el rimel embarrado y el pelo encrespado por la lluvia.

- “Estamos to’s moja’os ah!” le dije. ¿En serio, estás loco? pensé.

Ella soltó una carcajada de esas que te dejan saber que lo tomó en doble sentido. Y yo que pensaba que había dicho una pendejada!

- “Bueno…al menos no estamos encharca’os… todavía.” me respondió con la voz más dulce que he escuchado.


Se abrieron las puertas del elevador y nos montamos juntos. Pensaba que era mi día de suerte para poder apreciarla unos segundos más, pero cuando la puerta estaba a punto de cerrar, se metió la doñita que vive a dos puertas de mí. Quedamos en un triángulo incomodísimo, pero ella y yo de frente.

Por evitar ser obvio, me quedé mirando al suelo, estar en un elevador es el silencio más incómodo del mundo. Mientras sonaba cada piso que subíamos, sentía su mirada encima de mí. Entonces, decidí subir la cabeza y recorrí con mirada de deseo sus tacones altos y rojos, subí por sus piernas pálidas que se dejaban ver a través de una falda crema que le llegaba hasta la rodilla. Mis ojos inspeccionaban su torso y la camisa blanca en algodón que escogió se había mojado aún más por el agua que chorreaba de su pelo negro corto. Podía ver el contorno de sus pezones, grandes y erectos, apuntando hacia mí. La vieja comenzó a toser interrumpiendo la tensión. Subí la vista rápidamente, y me encontré a la jóven mirándome a los ojos.


“Piso 6” - dijo la voz de grabadora del elevador

- “Dios los bendiga” - dijo la vieja cuando se bajó

“Subiendo” - indicó el elevador


Rompe hielo


- “Me muero del frío, estoy loca por quitarme esta ropa” me dijo tan pronto se cerró la puerta.

- “Si, no queremos estar enfermos” - Otra vez, loco? pensé

Ella volvió a reírse con la carcajada de doble sentido.


“Piso 9” - sonó el elevador

- “Que pases buenas noches” se bajó del elevador sin mirarme.

“Bajando” - sonó el elevador

“Piso 6” - sonó el elevador



Entré a mi apartamento y no podía dejar de pensar en ella corriendo hacia la puerta.

Me di un buen baño de agua fría, me enrolé un pollito y cogí la ropa para hacer laundry. Eran las 2:00 am, pero cuando estás soltero es la mejor hora para hacer laundry. Todos están durmiendo, hasta el guardia de seguridad, así que puedes fumar, poner música. Tú sabes, el jangueo después de los 40.

Entré con mi canasta, metí la ropa a la lavadora, puse un poquito de rock y prendí.


- “Aquí huele y no es a Downy” escuché a lo lejos.

Me empecé a reír sin saber quién era y apagué el fili tratando de esconder la tan evidente evidencia. Era ella! El sonido de las chancletas le hacía música a su andar.


Tenía unos pantalones cortos que me dejaron ver los muslos que hace un rato estaba imaginando. Su piel entera se movía al ritmo de sus pasos, especialmente las tetas que otra vez estaban debajo de una camisa blanca sin sostén.

- “¿Tú también lavas a esta hora?” le pregunté lo que era obvio.

- “Es mi primera vez. Al parecer la tuya no. ¿Vas a volver a prender? El guardia está en el quinto sueño” me dijo mientras metía su ropa interior de encaje a la lavadora.

- “¿Tú también fumas?” le pregunté lo que era obvio.


Up High


- “Reto o Verdad” era mi turno del juego. Después de un fili uno siempre se vuelve más niño.

- “Reto” me dijo ella, a quien ya le faltaban los pantalones y me había confesado que era masoquista.

- “Te reto a correr desnuda por el pasillo y virar” - le dije con ánimo de adelantar las cosas.

- “Yo no voy a hacer eso, no porque no me atreva, pero en el pasillo hay cámaras, aquí adentro no.”

- “No harás el reto? Sabes que eso requiere un castigo”

Me miró con una cara inocente y en un tono bajito dijo:

- “Pues entonces, castígame, daddy” y subió los hombros.

Definitivamente hoy era mi día de suerte. Seguí el role play.

“Me confesaste en una verdad que te gusta que te den. Te daré un castigo placentero, ¿quieres?”

Sin mirarme a los ojos me dijo: “Sir, me lo merezco por no hacer el reto”.



Yo estaba sentado en un sofá viejo y ella encima de una lavadora prendida.

Brincó ágilmente, caminó hacia mí y se colocó boca abajo cruzada en mi falda.

Sentía sus tetas en mi muslo y me repitió: “Castígame, daddy, por portarme mal.”

La camiseta blanca que traía puesta le cubría las nalgas justo hasta donde se unía con el muslo. Al acostarse, alzó sus caderas un poco y la camisa se subió dejando ver el brote de su flor. Tenía un pantisito blanco metido por el culo.


Sobé su cabello con una mano y con la otra recorrí su espalda, sus nalgas y sus muslos de manera sutil. Le di la primera nalgada sin que se lo esperara y soltó un gritito de sorpresa. Abrió las piernas un poco más,

Le di la segunda nalgada con un poco más de fuerza y sus nalgas retumbaron en vibración. - “¿Te gusta?” le dije bajito mientras le agarraba el pelo y le di la tercera nalgada sin esperar su respuesta.

Ella gimió de un dolor placentero y me apretaba los muslos según le daba.

- “Dime, ¿Te vas a portar bien?” le dije rozando el entre medio de sus nalgas de arriba a abajo, sintiendo el caliente que emanaba de su adentro.

- “Haz que me porte bien” me contestó la malcriada.

Le volví a dar con firmeza. Esta vez recorrí sus muslos en breves, pero fuertes palmadas hasta llegar a su tobillo. Al subir, pude ver cuán excitada estaba porque la ropa interior blanca mostraba su humedad. Rocé con mis manos todas sus piernas y la agarraba por partes. Sus muslos, sus caderas, su espalda. Volví hacia su vulva y la pellizqué, un pellizco, dos pellizcos y sentía cómo se humedecía. Jugué con sus labios ya inchados y también ahí la castigué.

- “Si, daddy” me afirmó con voz chillona que el dolor en su venus era placentero y le volví a dar en pequeños y rápidos movimientos, ya podía sentir su clitoris endurecerse. Moví su pantisito y alcancé su agua entre mis dedos al sentirla por dentro. Con una mano la tocaba suavemente por encima de su chochita, que estaba suavesita, super mojada y se mostraba por entre medio de sus piernas. Con la otra mano continuaba dándole en las nalgas con fuerza y agarrándola para abrirla un poco más.

Las respiraciones de ambos ya estaban aceleradas.


Inhala, exhala, inhala, exhala.


- “Te reto a que te vengas, putita” le dije, la puse mis dedos que antes estaban dentro de ella en la boca para que se probara su dulcesalado.

Comenzó a chupar mi dedo y podía ver que cada vez que yo le hablaba la excitaba más.

Ya mi erección no cabía en mi pantalón. Ella lo pudo sentir y se tomó la delicadeza de abrirme el zipper. Puso su boca cerca de mi pene y empezó a exhalar su aliento caliente mientras gemía. Mis dedos volvieron a sus huecos, pero ya no podía moverlos tanto, estaba concentrado en lo que ella estaba a punto de hacer.

Sacó su lengua y con la punta recorrió en círculos mi tope, dejó caer su saliva caliente resbalar por mi tronco y la recogió con los labios antes de que llegara a mi vientre. Me agarró con la mano y a un ritmo como de caballito de carrusel me masturbaba y me saboreaba todo como si fuera un dulce.

Yo sentía en mis dedos las contracciones de su placer. Decidí sacarlos para darle otra nalgada y al meterlos otra vez estaba aún más mojada. Seguí con ese ritmo, entre pellizcos, golpes y hundir mis dedos en ella, podía sentir cómo pedía más.

-“Sir, qué bien me porto, verdad?” me dijo mientras estaba comiéndome, estaba realmente disfrutándome y disfrutándose. Su boca se sentía caliente, húmeda, soltaba unos gemidos que vibraban en mi piel. Me tomaba con los ojos cerrados, chupándome, lamiéndome, golpeándose sola, halándome hacia ella, hasta que dejó de hacer todo para decirme: - “Me vengo”.

Le di la última nalgada, le rocé el clítoris con presión y esmero, luego de unos segundos de silencio soltó un grito y un chorrito.


Extenuados en el sofá del laundry rompí el silencio y le dije:

- “Pasaste el reto”


Rutina


Llegó el elevador y nos montamos con la ropa en las canastas ya limpia y doblada.

“Piso 9” - sonó el elevador

“Gracias por aguantarme la puerta horita” me dijo sin mirarme.

Se bajó en su piso y jamás ha vuelto a llover.

“Piso 6”





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Bianca Ramos
Bianca Ramos
Sep 19, 2022

MAGISTRAL!

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